17.5.12

Voy a dejar a volver a fumar


Iba a abrir un Blog bajo un nombre ficticio (como lo han hecho varios) tipo “Ailuj Telul”, pero recordé que los Blogs ya no están más de moda. Entonces publicar una blognovela aburrida sobre cómo una boluda como yo trataría de dejar de fumar —¡día a día!— iba a ser una tortura no china sino peor, algo así como la jaula en la cabeza de Winston en 1984. Imaginate, cada 24 horas una mina te cuenta los pormenores y mayores de cómo se engorda cuatrocientos kilos y pareciera tener un PMS constante.
Entonces descarté la idea y la cambié por escribir el texto.

Nunca más dejo de fumar. Es más, no lo digo porque ahora haya dejado y no quiera volver, sino porque voy a volver a fumar sólo para nunca más dejarlo.
¡Esto sí que es un tormeto!

Primero, la abstinencia. Te levantás y no sabés qué hacer, si prender el fuego de la cocina con el encendedor para poner la pava o prenderte fuego la nariz. Cuando salís del baño y está el agua lista para el mate no sabés si fumarte la bombilla o poner en un rolisec un poquito de yerba para sacarte la ansiedad... o poner la yerba dentro de la bombilla y fumarla.

Te vas a laburar. Después de casi ni pensar (pero pensar todo el tiempo), llega la maldita hora de almuerzo. No. No quiero. Si llego a almorzar, voy a asesinar por el pucho post comidita. Pero… ¡el único modo que conozco para no almorzar es fumar tabaco!
Ok. Pasa. Me como un par de uñas. No me preguntes, pero pasa. Me la banco. Bueno, sí sé. Ahora que me doy cuenta de que me gustan mis uñas largas, me compré unos Beldents comunes de los rosas. Qué ricos que son, che.
Vamos que sigo. Se endureció el chicle, ¡qué rápido que se vuelven cascote! Me como otro. En la oficina me dicen que hago ruiditos, que hago globitos y los exploto. Bueno, que me la fumen, che. (¿cuac?)
En el colectivo la gente se da vuelta para mirarme. Bueno, mierda, me voy a bajar en el kiosco y me compro unos caramelos.

—Hola amiga, cuatro con setenta y cinco.
—Nono, no quiero CJ, quiero caramelos.

La cara del polaco no tuvo desperdicio.  —¿De cuáles? —preguntó.
Me llevé a casa una bolsa de caramelos de todos los tipos y colores. Lo más loco fue que los que más me gustaron fueron los que mi abuelo compraba de a bolsones y a mi me daban asco. Los caramelos media hora. Es mentira, no duran media hora. Pero están buenos para mantener la boca ocupada unos cinco minutos.

En fin. Pasé la cena de la noche (por primera vez en mi vida no hice sobremesa), pasé otra vez la mañana, el medio día… ¡Esto no parece tan difícil como yo pensaba!

A los cuatro días comencé a comprarme caramelos sin azúcar porque me di cuenta de que los pantalones me apretaban. Mi novio nunca dijo nada, pero para mí que lo notó. Con razón la otra vez levantó la mesa él cuando yo estaba por terminar mi plato de fideos… ¿Tendría la sensación de que me iba a volver a servir?

“¡Qué alegría no sabés la plata que debés estar ahorrando! ¿Por qué no te comprás un chanchito y ponés ahí lo que no gastás en puchos?”, dijo mi señora madre con felicidad. Por teléfono, claro. Ella no había visto que la plata que gastaba en tabacos la estaba gastando en golosinas y que era yo la que se estaba convirtiendo en el chanchito.


Tengo antojos nuevos, raros... Nunca me gustó mucho el chocolate y ahora quiero todo con mucho chocolate... "¿No estarás embarazada?", me preguntaron. No, dejé de fumar.
"¡Aaah! ¡Entonces estás embarazada!"
No. No y no. Que tenga 33 años y que haya dejado de fumar NO quiere decir que esté embarazada sino que creo que es hora de dejar de fumar. ¿Tan difícil es?

Pasaron dos meses. Eso de salir a tomar un café o una birra y no saber qué hacer con las manos lo manejo. Siempre hay algún pedacito de servilleta para hacer papel picado.


Pasaron dos meses y no lo extraño tanto, pero me he dado cuenta de que me han aflorado defectos que antes no tenía (o que tenía tapados por el cigarrillo): hablo sola todo el tiempo, me quejo, me enojo, me enculo con todo el mundo, odio a todo el mundo, no quiero pero quiero, lloro, ahora quiero ser mamá sólo porque dejé de fumar (eso debe ser por tanto que me rompen las pelotas), me enojo porque me rompo el lomo trabajando y me enojo cuando tengo un rato libre en el laburo, tengo muchas ganas de mandar a cagar a todo el mundo y de romperle una silla en la cabeza a la primera vieja que me hable en el supermercado sobre cuánto subió la yerba. Bronca. Eso tengo. ¿Si me prendo un tabaco, se solucionarán mis problemas?

Y no me vengan con que me prenda un porro, boludos. Que lo que menos quiero es tener bajón de hambre y volverme mamá Luchetti.

Falta una semana para que se cumplan tres meses que dejé de fumar. ¿Alguien me puede decir cuánto más voy a tener que padecer esta tortura? Porque para eso, te juro que prefiero ir a comprarme un atado de tabacos.

Obvio, ya llamé a un analista. Y por supuesto que tiene que ser un ex fumador. Si no, no es joda, man…





18.10.11

¡Oíd mortales!

Siempre me leíste. Ahora ¿te gustaría escucharme?

Estoy planeando volver con mis historias por la radio interneteana ¿te prendés?

26.9.11

Reposteo de la semana

A veces me cuelgo leyendo los antiguos posts de este blog. Muchas veces pienso que son una bosta y otras, me cago de risa.

Este que pego a continuación es uno de los que más me hizo reír (data de 2006). Por supuesto, mejoré la redacción para republicarlo.
Espero que lo disfruten.


Capital Federal del otro.com


(...)

Salí de la entrevista para buscar la parada del 105. Dí una vuelta, pregunté y me mandaron cerquita. "¡Joya!", pensé. No tengo que caminar. 
Llegué a la parada y me dí cuenta de que era en la esquina de la Casa Rosada. La Plaza de Mayo se estaba comenzando a llenar de manifestantes. ¡Qué kilombo! Mientras esperaba observaba cómo la plaza se iba aglomerando.


Delante mío había un rati con un señor ciego y mucha otra gente esperaba, en la parada, sendos colectivos.

De repente apareció otro policía que le dijo que al que estaba con el no vidente: "Vení ya"; de tooooooooda la gente que estaba en la parada, el lazarillo momentáneo me eligió a mí para que ayudara al señor mayor con bastón blanco y díjole: "quédese tranquilo que la señora lo va a ayudar".

¿SEÑORA? ¡La reputa madre que te remil parió!
¿Tengo cara de señora?

"¡Seeeeeeñoooooooriiiiiiitaaaaaaaaa!" Le grité bien fuerte mientras se alejaba con el otro policía y el señor con bastón blanco me tomaba del brazo.

—¿Qué espera? —Le pregunté.
—El 29 —Me respondió.

Y la charla: siguió así:

SeñorBlind: ¿Y de dónde es usted?
Lulet: De Boulogne
SeñorBlind: ¿Y hacen cosas tan lindas en Boulogne?
Lulet: ¿Le parece? (¿Me estará cargando?)
SeñorBlind: ¡Si! No sabía que las chicas de Boulogne fueran tan lindas.
Lulet: Ja... Bueno, gracias. (Mhmmhmh... Ok. El primer piropo del día me lo dijo un ciego... ¿Será bueno o es malo, eso?)
SeñorBlind: Y dígamé, ¿andaba haciendo trámites?
Lulet: No, vine a una entrevista de trabajo (mientras le respondía pude apreciar cómo se me iba el 105, mierda)
SeñorBlind: La tomaron, ¿no?
Lulet: No, todavía no.
SeñorBlind: ¿Pero qué era ciego el hombre?
Lulet: (¡Ay por Thor! ¿Me río? ¡Imaginen mi cara! Hice un breve silencio.) Era una señorita, no un señor.
SeñorBlind: Ah pero usted tiene que ir a entrevistas con señores que la van a tomar en seguida...
Lulet: Gracias.

Ok, imaginen lo que tardó el bondi que me contó que tenía una casa de alfajores tucumanos, me dio un folleto, me dijo que si pasaba por ahí fuera al negocio que me regalaba alfajores. Tosí y me regaló una pastilla y yo recordé que mi vieja que me decía no aceptara caramelos de los extraños.

Finalmente llegó el 29; me preguntó el nombre, me dio un beso, me tocó una teta (nunca sabré si fue sin querer o adrede) y se fue.

Mientras esperaba el estúpido 105 comenzó a llegar una marcha de la CGT, PNP, TNT, RRPP, o vaya uno a saber qué carajos. Con la masa de gente llegó un camión de la policía, blindado y se comenzaron a bajar muchos tipos con escudos y máscaras.

¡Mierrrrrrrrrrrrrrrrrrrda!
Cuando me di cuenta, estaba sola en la parada y no venían más bondis.

¡Pero carajo! ¡Nadie me avisa nada!
Policías ingratos, ¿no me ven que estoy sola acá cual pelotuda esperando la carroza?
No sabía pa dónde agarrar.

En eso me llamó un amigo al celu que sabía iba a andar por el trocén.
—Dónde estás?
—Rivadavia y Reconquista
—Agarrá Reconquista

Cuando llegué a la esquina vi que venían unos 40 policías y detrás, una multitud de manifestantes.

—¿Para dónde voy? —le pregunté al amigo que seguía en línea.
—Andá para el lado del río —indicó
—Pero... ¿Para qué lado es el río?

Al final, camine como ochocientas cuadras, tomé el subte, hice varias combinaciones y llegué a destino.

Buenos Aires te lima. Mal.


14.7.11

De niños

Alumnita de 9.—¿Cómo se llama la estatua que está en una vidriera?
Yo.—¿Eh? No sé de qué me hablás.
Ella. —¡La estatua! ¡La señora, en la vidriera!
Yo.—Ay... no sé, linda.
Ella.—Bueno, en la escuela yo a veces le rezo pero Paloma, no. Paloma no cree en nada, ni en Papá Noel...

=S

23.6.11

Ni talento, ni suerte

Estoy enojada. ¿Por qué será que hay gente que tiene talento o suerte y otros tantos que no tenemos ninguna de las dos?

Conozco mucha gente que tiene suerte.

Personas que se cansan de su trabajo, renuncian y consiguen otro, al mes. A mí me rajan porque la empresa quiebra y estoy seis meses para conseguir el peor de los trabajos, en el culo del mundo y mal pago (de donde también me van a rajar pero esta vez por llegar siempre tarde; casi dos horas de viaje en todos los transportes públicos de Buenos Aires, implica un ciento por ciento de posibilidades de que alguno se rompa, que haya piquetes, choques, quilombos de tránsito, entre otras).

Personas que parecen tener un momento de mala racha: "estoy mal de guita, tengo mucho trabajo, mi ex no me pasa la mensualidad del nene" pero a la semana: "me dieron una compensación en la oficina" (que opaca y anula los otros dos enunciados).

Personas que se quejan de que en la semana pincharon una goma y vos no tenés ni auto.

Personas que protestan porque su jefe es un rompe bolas pero a vos te pasa lo mismo y encima no te pagan las horas extras.

Personas que aluden a situaciones –para nosotros maravillosas– para justificar alguna queja: "me cambiaron de puesto en el laburo de recepcionista a secretaria del gerente; no me dan nada de plata y encima tengo que hacer un curso de secretariado bilingüe". Pará, pará, ¿te estás quejando? ¿Preferirías estar laburando en la recepción del odontólogo de la obra social de los camioneros?

Personas, que te dicen que sos un llorón cuando les contás que no tenés ni libro, ni árbol, ni hijo sino apuntes olvidados, un potus seco y un sobrino en La Concha de la Lora. Y obvio no tenés ni novia. Lo más cercano a una mujer en tu vida es la hija de la verdulera que tiene trece años.


Personas que logran sus objetivos en breve tiempo, sin remarla, sin mancharse las botamangas y sin despintarse las uñas.

Personas del orto, bah.

Y vos, ¿de qué lado estás?

13.5.11

Sujetos de la salud

¿Por qué será que tienen esa puta manía de reprender al paciente?
Contentar a un dentista es más difícil que contentar a los padres. Nunca te lavás los dientes lo suficiente. Si te los lavás después de cada comida, seguro que no te los limpiás correctamente. El cepillo va a
45º ¿sabías? Pero no hagas como yo que lo ponía a 45 pero apuntando para el lado contrario. Ojo.

Estoy haciéndome todo un recauchutaje de mi dentadura, una vez por semana o cada quince días tengo que visitar al dentista y como no iba hacía años, tuve que comenzar con una periodontista.

Ok, me la banco. Es mi culpa. Me da mucho miedo ir. Lo odio. Prefiero ir a lo del ginecólogo, mirá lo que te digo.

Lo que saco en común entre todos los especialistas en dientes (todo bien pero ¡¿de dónde sale ese gusto por mirarle los dientes a las personas?! ¡Ni a caballo regalado ni a personas!) es que les encanta hablar y preguntar. Pero lo que más les gusta es que vos no puedas responder.

—¿Cómo andás? —pregunta el profesional mientras con una mano te abre la boca con el espejito ese redondito y con la otra te pasa el torno por una muela y vos tenés colgado de un lado el aparatito que te chupa la saliva (a propósito, ¿alguien sabe a dónde va toda esa baba?)

Y tal vez te sale, de manera automática, responderle: "ieeg" Y luego te sentís un boludo con rueditas porque al tipo ¿qué le importa tu respuesta? Bien o mal... ¡es lo mismo!

Mire señor sádico de los molares: no le voy a contar todo lo que pasó en estos cinco años que no vine; segundo: si hubiera querido saberlo, me lo hubiera preguntado cuando entré; tercero: ¡no se da cuenta que tiene media caja de herramientas adentro de mi boca?

—Aflojá las cejas que te vas a quedar arrugada —me dijo mientras estaba haciéndome sudar de la impresión y susto de todo lo que hacía en mi boca; los labios me temblaban, hacía como cuarenta minutos que estaba ahí; y ya habían pasado como 50 temas de la música funcional. ¡Otra vez
Sinéad O'Connor, no!

Ahora yo me pregunto atormentada: ¿cómo hacen ustedes para mantener la boca abierta durante tanto tiempo? Yo ya ni sabía si la tenía abierta, si le estaba apretando la mano con los dientes... Estaba toda babeada y me dolía hasta la aorta.

La otra vez tuve una experiencia nueva, la doctora me puso tanta anestesia que se me durmió hasta el párpado izquierdo (pasando por la nariz). Cuando salí del consultorio me pregunté por qué sería que todos me miraban tanto en el colectivo y claro que por linda ni en pedo. Cuando llegué a casa y me miré al espejo me di cuenta: parecía
Rocky Balboa. El hemisferio izquierdo de mi cara estaba inflado y deformado, el ojo a medio cerrar y la nariz caída.

¿Cómo me dejaron salir así de ahí?
Definitivamente, son malas personas.

18.2.11

Taller literario

Doy por inaugurado el sitio web de Literatorio. Para visitarlo pueden hacer clic acá o copiar la siguiente dirección en su navegador: http://www.literatorio.guaydisenio.com

Allí podrán encontrar toda la información sobre los talleres y el club de lectura.


8.2.11

Confieso

No hace tanto me enteré de que Dread Mar I no se llamaba Dread Mar uno (o primero), sino i.

Patético.

24.12.10

Veinte once

Que el año que llega les traiga todo lo que deseen.

¡Feliz 2011!

7.12.10

Degeneradísimos

A veces desearía haber sido hombre: cuando me pasan estas cosas o para que cuando digo "ésta" o "agarrame ésta", realmente tenga sentido.

Pero desear haber sido hombre a partir de estas situaciones, es triste. Digo, si desearas ser tipo para no depilarte, sufrir el tema de la ropa para salir, bancarte que te manden a lavar los platos cuando manejás, tener un menor puesto y cobrar menos que el inoperante de tu jefe, etc., tiene sentido.

Viajar en Buenos Aires es un ilusorio. Parece imposible, a veces. En horas pico es súper estresante. Además, las distancias se alargan en comparación a otras provincias tal vez un poco más pequeñas. Los que viajan dentro de capital, tienen como mucho cuarenta minutos de viaje, los que vivimos de este lado del muro (Gral. Paz) tenemos, para ir del lado de allá) hora y cuarto, promedio.

El martes a las 9 de la matina tenía que dar un final de una materia. Me había preparado bastante bien.

Salí temprano de casa, debía tomarme primero el tren y luego un bondi. Como hacía calor me puse un vestido. Debo aclarar que no uso vestidos cortos, el largo promedio de mis prendas es por debajo –o la mitad– de las rodillas.

Resulta que me tocó subir a un tren de esos en los que la gente está apretada como vacas en los camiones. No iba a ser la primera vez que viajara así, entonces me preparé: acomodé mi cartera adelante de mi panza y me saqué los auriculares (porque en el pogo que se genera cuando alguien estornuda podés engancharlos en alguna prenda y perderlos).

Estaba lista.

Llegué hasta el hall que divide los dos vagones, no pude avanzar. Me acomodé pensando que tenía un largo viaje cuando sentí algo raro en la parte de atrás de mi vestido. ¡Se me había levantado!

¡Se me había levantado y justo había quedado la mano de una persona debajo de mi nalga izquierda!

Mucha casualidad –pensé– para tal infortunio.

El problema era que no podía ver la mano de quién era. Si era de una mina y se mantenía quieta, podía ser una mala casualidad de la vida que haya quedado en ese lugar. ¿Pero cómo darme cuente a quién le pertenecía si a mi alrededor había quichicientas personas?

Como no me iba a quedar a descubrir a ver si la mano se movía por mi traste, pedí un "permiso" alto y potente y comencé a hacerme paso entre la gente a los codazos para pasar a un vagón. (En ese mientras tanto la gente me puteaba porque no tenía dónde ponerse para que yo pasara). Cuando pude alejarme unos centímetros de mi espacio me di vuelta y pude mirar que la mano era de un tipo que tenía al lado.

"Qué imbécil que sos, ¿eh? ¿Por qué no te metés la manito en tu orto?"

No se la esperaba. Se ve que los degenerados están mal acostumbrados a que las minas no digamos nada, a que nos de vergüenza y sólo nos movamos de lugar. El muy cobarde no dijo ni "mu", toda la gente me miró y luego lo miró. El tipo tenía la cara que tiene mi perro cuando se manda una cagada, la cara enfilaba para el lado del frente pero los ojos apuntaban casi para atrás.
¡Cobarde!

La verdad es que me hubiera gustado decirle más cosas, alguna tipo: "agarrame ésta, me llamo Carlos, pelotudo"... Debería existir algún tipo de tanga inflable para estos casos. Digo, ponele una tanga que en la parte de adelante tenga un dispositivo que si vos lo inflás, parezca una flor de poronga para que te la puedas acomodar en las dos manos y decirle "me llamo Ernesto, papá, agarrame ésta".

Ahora yo me pregunto, estos degenerados ¿tendrán mujeres, mamás, hijas o hermanas? Qué les pasará cuando llega de trabajar o de la escuela la hija y le dice llorando "papá, un tipo me tocó y me apoyó en el colectivo"...

Es violento.

¿Te das cuenta? Por cuidarme de que no me robaran la cartera, me descuidé el culo...